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El noviazgo
por Gelson Villegas
Publicado en la revista Piedra Viva nº2 1996 de las Asambleas que se congregan en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo

1.- Si lo que se quiere es, realmente, ser bendecido con relación al matrimonio; si de lo que se trata es honrar al Señor y ser honrado por El, tengamos en cuenta, pues, que la mas absoluta autoridad sobre la materia, el mas elevado manual sentimental ES LA PALABRA DE DIOS. Y en ella, ese Dios que quiere el bien de los suyos, dice: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos” (2ª Co 6:14). Así, pues, cuando algún creyente ha quedado prendido en los ojos de una filistea o, una hermana ha dado su corazón a uno de los hijos de este Siglo, sepan, con toda certeza, que ya no podrán esperar en la guía de Dios en el asunto. Tarde o temprano (los muchos casos que conocemos demuestran que el asunto se manifiesta más temprano que tarde), quienes ponen a un lado a Dios y a su Palabra en este asunto tan vital como el matrimonio, tienen que llorar y lamentar con inútil amargura su gravísimo error.

2.- Muchísimas personas en el mundo conciben el amor como algo anárquico, ciego e impredecible. Dicen que el amor es un no se qué, que empieza no se sabe cómo y termina no se sabe cuando. Tal criterio falso conlleva a actitudes irresponsables en el noviazgo y el matrimonio. Contrariamente, en el ámbito de los santos, el noviazgo debe ser considerado como una relación seria, responsable, consciente y en el temor de Dios. El creyente que piensa tener una novia hoy y otra mañana, que ve el asunto como una diversión y que sólo pretende “pasar el tiempo”, está viviendo según la carne y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios… por cuanto la mente camal es enemistad contra Dios (Rom 7:8). Antes de dar el paso en cuanto a formalizar un noviazgo, los implicados en el mismo deben tener claridad sobre el asunto. Conocer la voluntad de Dios en algo tan importante como el matrimonio, no debe ser una mera posibilidad, sino que está presentado en la Palabra de Dios como lo normal para aquellos que sinceramente quieren vivir y actuar en armonía con la mente de Dios. Así está escrito: “para que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Rom 12:2). No es santo, no es de Dios proceder según el método del “ensayo y error” en este particular. Dice demasiado en contra, el hecho de que alguno se haya comprometido en noviazgo 4, 5 o 6 veces, para luego, comprobar en cada caso que se había equivocado. Tales personas son culpables de actuar precipitadamente y de causar heridas sentimentales a otras personas, las cuales, en muchos casos, llegan a ser traumáticas. Como alguien ha dicho: “Un amor no se va de un corazón sin haberlo destruido”. Quienes así actúan, están arruinando su testimonio y no son dignos de confianza en asuntos administrativos en la asamblea, pues “el hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos” (Stg 1:8).

3.- Debemos también recomendar prudencia, en el sentido de no ser ligeros en formalizar noviazgo con personas que, apenas ayer, dijeron creer en el Señor. Es irresponsabilidad y apresuramiento temerario, asediar sentimentalmente a una persona con una profesión de fe tan reciente. Téngase bien claro que, no siempre un “profesante” es un “creyente” en el sentido bíblico y genuino de la expresión. Relacionado a este aspecto, es oportuno citar aquí las sabias palabras de Salomón: “Los bienes que se adquieren de prisa al principio, no serán al final bendecidos” (Prov 20:21).

4.- Otro aspecto que, que tantas veces, los creyentes con inquietudes sentimentales quieren saber, es si ellos pueden pedir a Dios señal sobre este asunto. Es conveniente hacer diferencia entre “tentar” y “probar” a Dios. Lo primero tiene que ver con atreverse a desafiarlo que Palabra, segundo, probar a Dios, significa atreverse a confiar en las promesas de Dios y así recibir la bendición. Dios dice al pueblo de Israel: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa: y PROBADME ahora en esto...” (Mal 3:10). Así que Dios quiere que le probemos en su capacidad para proveer, bendecir y declarar su voluntad y, sobre todo, en un asunto tan importante como el matrimonio. Pero, algo de mucha importancia, no pida usted una prueba de facilidad evidente, pues entonces, ya no revelaría la voluntad de Dios sino la suya. Gedeón no usó de facilismo cuando pidió señal de su Dios, tampoco lo hizo el siervo de Abraham. Así que, ‘pide para ti señal de Jehová tu Dios, demandándola ya sea de abajo en lo profundo, o de arriba en lo alto” (Isaías 7:11).